Fui de los pocos (no voy a “inculpar” a nadie más…) al que no le saltaron las lágrimas en aquella última asistencia del Rally de Inglaterra de 1998. Habían pasado 3 largos meses desde aquel precipitado debut en Finlandia del Seat Cordoba WRC con Harri Rovanpera y Risto Pietiliainen, y por primera ocasión, Seat Sport conseguía sumar un punto en el aquel disputadísimo Mundial de Rallies con su WRC. Pero curiosamente, casi nadie celebró como se debiera un hito como el que se acababa de conseguir. ¿El motivo? Os vendrá a la memoria en seguida.

 

A falta de una sola especial, Harri y Risto estaban anclados en una cómoda séptima posición del Rally a casi diez minutos del líder de la prueba, después de haber sufrido numerosos problemas que nos retrasaron más de lo debido. Aun así, nos manteníamos en carrera e íbamos acumulando kilómetros y experiencia, que de poco sirvieron en los años venideros…

 

Pero el inesperado abandono de uno de los pilotos que precedían a nuestro Cordoba WRC nos aupaba hasta la zona de puntos. Era un solitario punto que para nosotros significaba mucho: bañaba en oro el esfuerzo e ímpetu que todos y cada uno de los miembros que formábamos parte, en mayor o menor medida, del proyecto.

Siempre he pensado que con las carreras acabas firmando un pacto diabólico bajo el dictado del cual, cada sonrisa disfrutada implica derramar 10 lágrimas. Y esa temporada había sido de lágrimas: largas noches, miles de kilómetros de pruebas,  largas asistencias bajo el incandescente sol, la fría lluvia o el duro hielo nórdico… Eso sí, lágrimas lloradas con una sonrisa provocada por el buen ambiente entre los miembros del equipo y el convencimiento de estar cimentando lo mejor que la efímera industria española del motorsport había sido capaz de crear hasta el momento. Los vetustos Cordoba WRC eran, en aquellos momentos, gatitos en una lucha de leones ( y el equipo por igual).

 

Pero el inesperado motivo de nuestro triunfo había sido provocado por la desgracia de Carlos Sainz y Luis Moya! Quien no recuerda aquel “Por Dios, trata de arrancarlo!”.

Podría contar con mi mano derecha las personas a las que no se nos habían empañado los ojos al saber del infortunio de Sainz y Moya. A mí, lo primero que se me vino a la cabeza al saber del abandono de Sainz-Moya, fue que habíamos conseguido el primer punto con el Cordoba WRC!!! Todo un hito!!!

Poco a poco me dí cuenta de que no era el momento para saltar de alegría, aunque el resultado lo hubiera merecido. Nuestra alegría era la pena de Sainz-Moya, los Mets ( de Santa Pau!!), del incombustible Juanjo Lacalle y de todo un equipo que habían trabajado a destajo durante todo un  año para conseguir un título que se les escapó a 700m del final del último tramo. Pero no quise que nuestro resultado, al menos en mi interior, se viera minimizado por el inesperado final de las esperanzas de Sainz de conseguir el que hubiera sido su tercer título mundial. Nos agrade o no, las carreras son así. La victoria de unos pocos es la derrota del resto, y aquel día, yo no lloré a Sainz!

 

Esta semana me vino a la cabeza esta escena cuando Carlos Sainz y Lucas Cruz perdían todas las opciones de conseguir la victoria en el Dakar a falta de dos etapas. Esa suspensión delantera derecha ( la misma de la que yo era responsable en el Cordoba WRC de Harri Rovanpera en ese 54th Network Q Rally of Great Britain) dejaba enterradas en la arena las ilusiones de conseguir una nueva victoria en el Dakar.

Hay quien dice que Sainz se está planteando la retirada. Yo no creo que deba mientras conserve el espíritu de competitividad y superación que le han convertido en uno de los mejores pilotos de la historia del automovilismo internacional. Haga lo que haga, hay que sacarse el sombrero ante la carrera encumbrada por Carlos, pese a que a veces no haya sido reconocida como tal. Más que con sus triunfos deportivos, me quedo con  su profesionalidad, con su tesón por mejorar, con su espíritu de trabajo, con su capacidad de motivar… Sainz sigue porque es un luchador y cree que aun puede presentar batalla. El día que no pueda levantar la espada, lo dejará ( y espero que sea para seguir en el mundo del motor y no para meterse de Presidente del Madrid!!!)

 

Curiosamente, esta semana visualicé un video en Facebook de aquellos apasionantes duelos entre Sainz y Bassas en el Campeonato de España de Rallys. Carai…Pep! Bassas era un gladiador de las carreras y de la vida, del que aprendí mucho. Pep no se rindió nunca, ni tan solo el día que nos dejó… y ese, día, sí lloré…