No puedo empezar otra parrafada de las mías sin dar mis más sinceros ánimos a Robert Kubica para que tenga una pronta y plena recuperación del accidente que sufrió ayer en el Rally de Andora, en Italia. Robert es uno de aquellos pocos pilotos de los que todo el mundo guarda un muy buen recuerdo. Ser un piloto admirado fuera del paddock és relativamente fácil debido a la repercusión mediática de la F1, pero cuando uno es consciente del aprecio que despierta el espigado piloto polaco entre la gente del paddock, te das cuenta que es una persona especial (os aseguro que en el paddock hay pocos de este calado, al menos desde mi punto de vista).

Recuerdo que tan solo 3 días después del acongojador accidente que sufrió en Montreal 2007, me crucé con él en unos grandes almacenes en Indianápolis (el Gran Premio de Canadá y el de USA se disputaban seguidos y los equipos dejábamos atrás Montreal para ir directamente al mítico trazado norteamericano). Sabía que el accidente no había revestido más consecuencias que unas magulladuras y varios moratones, pero me quedé anonadado al verlo tranquilamente paseando como si nada hubiera sucedido! Al preguntarle sorprendido por su estado ( Kubica nunca esquiva un saludo ni unas palabras amables de nadie), me dijo que si no corría ese fin de semana era porque no le dejaban  y “que si por mi fuera, estaría en la carrera. Estoy de p…m…..!” Robert es así de directo y así de valiente!

Esta vez va tardar un poco más, pero pongo mi mano en el fuego en que Robert no solo va a luchar como un jabato para recuperarse de las graves lesiones de su mano, sino que su pasión por correr le llevará otra vez a sentarse en un cookpit. Estoy seguro que lo conseguirás : Nie poddawaj się Kubica (ya que me llaman polaco permitidme la licencia de escribir en ese idioma!)

En realidad este no era el tema de esta entrega, pero no podía pasar la ocasión de dedicarle estas 4 palabras.

 

La semana pasada disfruté de dos fantásticos días en el Circuito de Cheste, en Valencia. La imparable cascada de presentaciones de nuevos monoplazas la convierten en una cita ineludible. Pero no voy a empezar a hacer largas parrafadas sobre las novedades técnicas de algunos monoplazas y mucho menos de si los tiempos registrados en esta primera cita colectiva de la temporada son significativos para empezar a colgar la vitola de favoritos a unos u otros. Disfruté mucho al poder ver de nuevo de ver a mis ex colegas (mates) del Gran Circo. La desaparición de Super Aguri actuó como ventilador y la gran mayoría están ahora desperdigados por el paddock: desde Red Bull –los campeones- a Virgin –los últimos-, pasando por Williams, Hispania, Lotus, Renault, Force India. Tuve el gustazo de poder saludarles de nuevo; me dí cuenta que a algunos les echaba de menos (quizás demasiado…).

Pero pocas horas después y debido a un cambio de planes de última hora, cogí un bus para poder volver a Vitoria. Era un largo trayecto nocturno de casi 8 horas, pero era mi única alternativa, económicamente viable, para volver a Gazteiz en el plazo que me había marcado.

Faltaba casi una hora para las 12 de la noche, pero me sentía la Cenicienta (salvando las distancias) a la que se le había terminado el hechizo, esta vez, sin estar avisado.

La postal idílica del paddock de Cheste se difuminaba en una foto viva de la vida misma.

Los nuevos neumáticos Pirelli se convertían en ruedas de goma de los destartalados carritos usados por mis nuevos colegas de viaje. La opulencia de la fastuosa Energy Station de Red Bull se mudaba en el solitario y poco renovado bar de la estación de autobuses. El crono de la pole position se transformaba en un desesperado viaje en busca de un sitio donde encontrar oportunidades para una nueva vida. El nuevo escape delantero del Lotus Renault se desvanecía ante el contaminante y ardiente humo del autobús que golpeaba mi cara mientras hacía cola para dejar mi maleta. La supermega-enana caja de cambios de Williams quedaba hecha añicos ante la simplicidad de la caja de cartón que un pasajero había construido para transportar sus pertenencias. Los codazos para obtener un mejor plano los bólidos se convertían en un rifirrafe en mayúsculas entre dos parejas para ver quien ocupaba la fila que precedía la escalerilla de acceso. Y las largas y redundantes declaraciones de super ingenieros y directores técnicos quedaban en papel mojado ante la narración del periplo de la aventura de la vida que me contaba mi compañero de viaje.

La vuelta a la cruda realidad que vive, por no decir que sufre, mucha gente fue de aquellas terapias que esperas que te ayuden a ser un poco mejor.

Curiosamente me vino a la cabeza una situación que se produjo en el circuito belga de Zolder allá por 2004 cuando disputábamos las World Series by Nissan con Heikki Kovalainen y Adrián Vallés. Yo había entrado en cólera cuando me comunicaron que no podríamos arrancar los motores Nissan V6 de los Dallara de hasta 5 minutos antes de salir a pista. No había razonamiento ponderado que me hiciera entrar en razón. No entendía que la ecología y el respeto a las colonias de pájaros (vaya usted a saber de que especie) que habitaban en los aledaños del trazado, pudieran comprometer nuestro procedimiento de “warm up” que meticulosamente seguíamos antes de saltar a pista. Pero las siempre sabias y tajantes palabras de Chus me devolvieron a la madre tierra: “ Albert, a veces hacen falta este tipo de situaciones para darnos cuenta que no somos nadie!”. Y esta semana volví a tener esa misma sensación: me ruboricé a mi mismo. Y es que a veces soy capaz de pensar que soy afortunado de poder estar pendiente de las milésimas, las centésimas, las décimas y los segundos, cuando en realidad debería estar preocupado ….

 

Pero mal me pese, mañana ya no me acordaré de nada de todo esto…tan verdadera como efímera es mi sinrazón!