Día 1: Al llegar me acordé del pato…que no laqueado

Leyenda urbana o no, seguro que alguno de ustedes ha oído hablar (si son de Olot, casi seguro) que la apertura de los restaurantes chinos coincidió con la misteriosa desaparición de los patos salvajes que desfilaban plácidamente río Fluvià abajo. Se rumoreó que habían sido presa de caza, pero no de cazadores furtivos, sino de cocineros. No de escopetas, sino de cuchillos. De las cristalinas y frescas aguas del Pirineo a la cazuela en un abrir y cerrar de ojos. ¡Ala! Qué quieren que les diga, que putada para los patos. ¡Quién no ha tenido un pato en su vida! Y yo diría más, ¿quién no ha caminado alguna vez como un pato? (todas las lecturas, perversas incluidas, valen…)

Ya no sé a qué venían los patos. A sí, China y yo. Yo y China. Es que lo del Restaurante chino me recuerda que yo viví en mis propias carnes lo que significa estar de inmigrante – casi ilegal-, vivir en una habitación en el almacén de un restaurante chino y salir a cazar, aunque no fueran patos. Fueron 21 días en Shanghai. Durmiendo en una improvisada habitación de unos 7 m2 con un ruidoso aparato de aire acondicionado cerca del cogote y una lavadora / ducha que nos permitía despertarnos y ponernos en órbita de manera decente.

Pasaron muchas cosas en aquellos días y ninguna acabó como habíamos planeado. Qué se le va a hacer. ¿Ustedes creen que si fuera muy listo en esto de los negocios estaría aquí? Ni hablar.

Esta experiencia que les cuento aquí no tiene ni mérito, ni épica, ni es una lección de las que ponen gallina de piel (hasta siempre Johan). La verdad es que de estas vivencias se aprende. Pero tienen trampa: tenía VISA y un billete de vuelta que me daba tranquilidad y sosiego. Nada que ver ni de lejos en el sufrimiento y dolor que viven en sus carnes millones de personas cada año en busca de una vida mejor, o quizás tan solo de una vida. Este periplo entre que nacemos y morimos, y al que llamamos vida, debería obsequiarnos de vez en cuando con cambios de papeles: de cazadores a cazados, de ricos a pobres, de personas a animales, de las cuentas de Panamá a los campos de Siria, de políticos a políticos (estos no se mueven ni así). Si hay otra vida, la mereceríamos al revés.

A todo esto, ya he llegado al Hotel: El Tang. Está cerca del Circuito. Es un hotel chino, muy chino. Aunque después de refrescarme la memoria con aquellos 21 días, la habitación de este fin de semana me parece incluso fantástica: Es amplia, cómoda, moderna, huele bien y con todo tipo de lujos. Fíjense que si por algún caso decido volver a fumar, puedo hacerlo con toda tranquilidad ya que me han dejado puesto el olor a tabaco malo. ¡Qué majos! Incluso en recepción han sido de lo más atentos y amables. Aquí no te entienden pero te dicen que si a todo.

Vistas que son vistas y no vistas. Cortina y aire

Vistas que son vistas y no vistas. Cortina y aire

Bueno. Cuelgo esto y me voy para el circuito que hay mucho por ver y más para contar. Esto no ha hecho más que empezar y hay muchas #ganasdef1 #enfermosdef1

Albert