El 23 de enero y coincidiendo con el primer novilunio del año en el signo de Acuario comenzaba a regir el Año del Dragón en el horóscopo chino. Poco tendría esto que ver con la F1 si no fuera por la irrupción de un hombre, un piloto, que puede marcar un antes y un después en el Automovilismo de su país: Ma Qing Hua.
Quien más quien menos pensó que la incorporación de Qing Hua (Ma es su apellido) al Programa de Desarrollo de Pilotos de HRT era una operación con enfoque meramente económico. China no es ni mucho menos un hervidero de talentos y la poca afinidad que despierta la F1 en tan singular, pero poderoso país, hacían presagiar un corto recorrido como piloto de F1. Ni la celebración de una prueba del Mundial de Rallyes en 1999, ni la disputa del GP en Shanghai desde el año 2004, ni los esfuerzos de algunos estamentos habían sido capaces de romper el caparazón que separa deporte del motor y el país más poblado del planeta. Ma Qing Hua estaba destinado a convertirse en el enésimo intento de abrir China a la Competición del Motor y viceversa.
La apuesta de HRT por Ma Qing Hua tiene pues un mérito que a estas alturas yo calificaría de incalculable. La condicionalidad de tal frase viene dada por mi poco criterio por lo que puede significar la llegada de Ma Qing Hua a a F1. La máxima expresión del automovilismo es vista desde allí como uno de los exponentes de un sistema capitalista al que China siempre ha estado de espaldas y al que en cierta manera se ha ninguneado o minimizado. Me remito a lo que ha sucedido con un deporte tan “americano” como la NBA para hacer una extrapolación, si quieren ustedes barata y especulativa. La llegada de Yao Ming a la mejor liga de baloncesto del globo, despertó una autentica locura por un deporte que hasta ese momento había pasado más que inadvertido para las grandes masas de China. No fue el primer deportista chino que lo intentó en la NBA: Wang Zhi Zhi lo consiguió pero nunca recibió el apoyo de sus compatriotas al no poder atender los compromisos de la selección nacional de baloncesto. El honor, devoción y fidelidad que los chinos procesan por su país y su bandera está por encima de cualquier resultado o logro. Ma Qing Hua está ante un desafío, un reto importante, pero nunca lo ha considerado personal. La carrera que ha empezado en la F1 lleva detrás suyo a todo un país, el peso de una bandera. 
Sorprendentemente esta responsabilidad, asumida con orgullo y gratitud, no ha supuesto un lastre para él. Cuando hablas por primera vez con Ma Qing Hua te das cuenta de que pese a su juventud hace gala de una madurez muy alejada del estereotipo de piloto asiático que aterriza en Europa para hacer su sueño realidad. Qing Hua es valiente, seguro, y por encima de todo, trabajador incansable. Goza de una fuerza mental que le permite permanecer por encima de la situación que afronta y que le permite llevar sin sufrimiento esa mochila cargada de responsabilidad. Su carrera como piloto está muy lejos de algunos multilaureados pilotos, pero su talento crece a marchas forzadas alimentado por la gran capacidad de aprendizaje y sacrificio del Primer Piloto Chino de la historia de la F1. En 6 meses Ma ha destrozado los objetivos que nos habíamos marcado para el. Sigue devorando con hambre insaciable los escalones que le deben llevar a convertirse en un ídolo nacional en su país. Y es que la F1 necesita a China más que China a la F1. Los 300 millones de espectadores que siguen los grandes acontecimientos deportivos por la Televisión pública china serán como agua de Mayo a una F1 que está notando en sus propias entrañas los efectos de la crisis internacional. China tiene ante sí el ídolo que necesitaba para acomodar la F1 entre sus pasiones y la llave para arrancar la inagotable maquinaria comercial que se erige como mástil de su bandera.
Y es que nos guste o no, la F1 es un deporte y un negocio; yo me quedo con el deporte y seguro que Ma, también.