Lo siento, no hay nada que hacer”…serían alrededor de las 10 de la mañana y estas palabras dejaban paso a un vaivén de mi mano derecha a la altura del cuello acompañado de una caída de párpados lenta y concluyente: Era el final.

Podría tratarse de uno de los capítulos de mi admirado Dr. House, pero no era así: las constantes alusiones de algunos/as sobre mi parecido con Hugh Laurie no han sido las culpables de esta mención, pero es que me vienen a la cabeza Emilio Aragón en Médico de Familia y a Gonzalo de Castro en Doctor Mateo. Fácil elección ¿verdad?.

A esto se le dice empezar la trama contando el final. Creo que falté a clase de Literatura el día en que explicaban el porqué una narración debería estructurarse en el siguiente orden: Planteamiento, nudo y desenlace. Pero como esto no es una narración sino un soneto, no pasa nada… (creo que falté a clase de más de un día). Vamos por partes que se me va la olla y no sé si volverá:

Había dejado La F1 para seguir buscando desafíos que, antes que nada, alimentaran mis ganas de aprender y crecer. Estaba en un estadio de mi carrera en la que debía plantearme si seguía en F1 para llegar a ascender lenta y progresivamente dentro de una estructura consolidada o me salida de la F1 haciendo un paso atrás para luego dar dos para adelante. Super Aguri no era desde luego el mejor de los escenarios ni Inglaterra la mejor de las opciones para vivir. Así que ni corto ni perezoso cedí a la llamada ilusionante de Epsilon Euskadi. Un desafío que empezaba en las 24 Horas de Le Mans pero que iba mucho más allá.

Pilotos y equipo al completo el día antes de la carrera. Grandes

Pilotos y equipo al completo. Grandes

Las 24 Horas de Le Mans son especiales en todas sus formas y expresiones. Es una carrera que se sufre mientras la disputas y la disfrutas cuando la recuerdas. Sufrir y disfrutar! Alguna connotación de “sadomasoquismo” le encontraríamos a tal enfoque, y más siendo el Marqués de Sade francés, pero no voy a hurgar en ello, que yo quería hablar de gomas, latiguillos, pinzas, mordazas, lubricantes…en fin: ¡DE COCHES!

Bien es cierto que el proyecto había recibido el empuje definitivo justo en el final de la ventana, pero no sería honesto por mi parte achacar la culpa de mis/nuestros sufrimientos y errores a la falta de tiempo. Éramos desconocedores de la magnitud del reto que teníamos ante nosotros. Las 24 Horas de Le Mans requieren mucho más que profesionalidad, medios, ilusión, empuje: necesitas haberte sentido parte de ellas y haber sucumbido ante su dureza para poder entender a qué desafío te enfrentas.

Era 2008 y habíamos tenido un durísimo inicio de temporada. No solo era cuestión de construir un prototipo para la carrera más dura del mundo, sino que había que formar un equipo, comprar el material, equipamiento y prepararlo en un tiempo record para la carrera de resistencia más prestigiosa y dura del mundo. En un abrir y cerrar de ojos pasé de Jefe de Mecánicos a Team Manager (léase de trabajar mucho a trabajar más y de estar con el agua al cuello a aprender a bucear sin oxígeno). El EE01 – era su denominación oficial – nos había dado muchos problemas: la velocidad demostrada quedaba arruinada por la poca fiabilidad que tenía. Y en una competición de resistencia, la fiabilidad es elemento sine qua non si quieres conseguir un buen resultado. Audi ha hecho gala de ella como estandarte en sus múltiples victorias.

Debut en el aeropuerto d Vitoria. Esa noche tampoco habíamos dormido.

Debut en el aeropuerto d Vitoria. Esa noche tampoco habíamos dormido.

Llegábamos a La Sarthe ya con muchas noches perdidas y tensión acumulada. Estábamos en la carrera que resumía y avalaba la temporada y tan sólo habíamos descansado 4 días! Cuatro días en 6 meses. Cuatro días sin trabajar de 200. Cuatro días de los cuales tres fueron de resaca; y es que cuando acumulas tanta tensión y esfuerzo, terminas quemando tus momentos de libertad sumergiendo tus penas en zuritos y txacolis! Si la vida son 4 días, que no sean aquellos, por favor.

De participar con un solo coche y afrontar la carrera con recursos suficientes, pasamos a salir con dos en un visto y no visto. Fue un momento difícil para todos, complicado, duro. Las noches fueron largas e interminables; parecía que el día de la carrera no llegaba nunca mientras seguíamos evolucionando los coches para hacerlos lo más fiables y competitivos posible. Pese a todo, conseguimos clasificar los dos coches dignamente y tenerlos a punto para el día D. La gran carrera ya estaba allí, inmutable, sabedora de que muchos de los aspirantes caerían en el intento de batirla. En Le Mans luchas contra las adversidades, contra los elementos, contra la climatología, contra la resistencia… pero siempre a favor de la carrera. Y eso es lo que la mantiene viva e impasible al paso del tiempo, de la tecnología e incluso de Ecclestone!

Le Mans ha mantenido su prestigio y honor gracias a saber girar la espalda a las grandilocuencias. Las 24h han sobrevivido independientes, porque la gente que la organiza y la sigue así lo ha querido. Son como una herencia; un orgullo que se transmite como un tesoro invulnerable a incursiones enemigas. Hay normas que restan inmunes al paso del tiempo, y pese a que son completamente absurdas a día de hoy, forman parte de la magia que irradia la carrera.

La ceremonia de salida es parecida a las que honoraban a los gladiadores antes de entrar en la lucha por la supervivencia en el Coliseo. Y es que en Le Mans, pilotos y equipos son tratados como héroes. Es un momento vibrante como pocos. El fervor de las gradas llenas a rebosar penetra por los poros de la piel a raudales, de forma imparable. Me costó admitirlo, pero estaba empezando a sentir la grandeza de Le Mans. En ese momento lo entendí y me sonrojé de mi mismo: la había infravalorado e incluso menospreciado. Pero sea por las curvas de las Hawaiian o por el efecto de los cafés, colas y Red Bulls que nos habíamos metido por no car dormidos, la adrenalina no dejó tiempo a la reflexión.

La noche de la carrera fue larga. Los problemas no nos dieron tregua hasta que las cajas de cambio nos dejaron sin opciones

La noche de la carrera fue larga. Los problemas no nos dieron tregua hasta que las cajas de cambio nos dejaron sin opciones

En fin, que la carrera empezó y no paramos de sufrir hasta que las dos cajas de cambios dijeron basta. No creo que valga la pena (quizás otro día) entrar en detalles de esas interminables 24.000 horas de Le Mans: Problemas de frenos, fugas de combustible, del maldito motor de arranque, de transmisiones…Pero pasadas las diez de la mañana y después de más de 20 horas de luchas contra las adversidades, nos rendíamos ante aquel desafío. La caja de cambios daba por finalizada nuestra participación.

Fueron sensaciones difíciles de olvidar. Dolió y mucho. El box era pasto del silencio. Cabezas bajas, gente sin fuerzas, lágrimas secas, vacíos… Recuerdo que salí del box. Gasté mis últimas energías en recordar todo lo que habíamos pasado hasta llegar a ese momento. Le Mans nos venció. Pero ninguno de los que formamos parte de aquel proyecto olvidaremos lo que aprendimos. Joan nos decía que aquellas situaciones te dejaban la piel dura como la de cocodrilo. Al contrario, cada vez que lo recuerdo se me pone de gallina. Y a diferencia de otras especialidades, Le Mans te vence para que vuelvas…y algún día, volveré para intentarlo de nuevo.

#ganasdeLeMans

Albert