Esta frase, que les podría sonar descalificativa en todas sus versiones y sentidos, no está hecha con tal propósito. El anuncio del retorno de Honda a la F1 ha sacado polvo a los recuerdos de los dos fantásticos años a los que dediqué a Super Aguri-Honda; y digo dedicar porqué las carreras, nos agrade o no, no son un trabajo, son una forma de vivir. Si tal frase tuviese referencia alguna, me remito al chiste de Eugenio, uno de mis ídolos – el único que tengo del lado humorístico – en el que atribuya la frase al controvertido general Douglas MacArthur.

 

En fin, yo a lo mío: Era el final de la temporada 2007, como cada Noviembre, Honda celebraba el Honda Thanks Day en el Twin Ring de Motegi. Un día especial de exaltación del espíritu de competición de la marca nipona abierto al público. Jornada en la que Honda lleva a Motegi a sus estandartes (hombres y máquinas son idolatradas/os por igual) de todas y cada una de las categorías en las que la marca está representada. Es un homenaje al hombre que encumbró el espíritu Deportivo que ha acompañado a la marca nipona a lo largo de sus más de 60 años de historia: Sōichirō Honda. Pero también es una jornada de agradecimiento a los pacientes y devotos aficionados que tanta y tanta admiración merecen. Desde F1 hasta Moto GP, pasando por Indy, GT, Nippon, Turismos, trial, clásicos…Honda concentra en Motegi su pasado, presente y futuro en un acto del que las marcas europeas deberían tomar buena nota. Aunque el rey de la fiesta era un hibrido de todo: Asimo. Dicen que Honda invertía en esos días más dinero en el simpático androide, que en todos los programas de competición juntos.

 

Había sido una buena temporada para Super Aguri, ese 2007. En realidad, demasiado. Los resultados de la escudería que se había encumbrado alrededor de Takuma Sato (dicen que para evitar su marcha a la todopoderosa Toyota) había hurgado más aún el dedo en la llaga del HRF1, el equipo oficial. Aquel proyecto que ondeaba la bandera de la ecología con aquel utópico “The Earth Dreams” era ruborizada por su hermano pequeño. Sato y Davidson habían levantado ampollas en el seno de Honda y abierto una herida que nunca volvería a cerrarse. Ser más rápidos que nuestro “hermano mayor” se celebraba como de una victoria se tratara. Siempre pensé que eso no era bueno para Super Aguri, aunque nunca hubiera pensado que eso era el principio del fin, no solo para el sueño del bueno de Aguri – san , sino también para Honda en la F1. Sin darse cuenta, a medida que avanzaba la temporada el SA07 iba cogiendo forma de tantō, la daga utilizada en el Harakiri. Precisamente en el G.P. de Canadá obtuvimos nuestro mejor resultado con la sexta plaza de Sato y con Davidson en posiciones reales de podio en algunas fases de la carrera.

 

Honda aprovechó nuestra presencia en el Honda Thanks Day para hacer un “chequeo” del monoplaza en Tochigi. En Japón, nadie entendía que estaba sucediendo en las instalaciones de Brackley (antes Honda F1 y ahora Mercedes F1) para que en Leafiled (antes SuperAguri y ahora Caterham F1) fueran más veloces. Tochigi es un centro de Innovación y Desarrollo en el que trabajaban en aquella época casi 15000 personas. En medio de esa ordenada multitud, había un rincón en el que Honda se hacía participe de su equipo de F1. Motores y parte del departamento de R&D compartían espacios e ilusiones. Fueron 7 largos y monótonos días de pruebas estáticas y dinámicas. El aburrimiento hizo mella en nuestras inquietudes y empezamos a ver de qué manera podríamos conseguir la condescendencia de nuestros “guardianes” para acceder a los bancos de pruebas. Les aseguro que romper los estrictos procedimientos nipones y los conductos reglamentarios asociados, requiere de una estrategia digna del citado general MacArthur. No sería ético de mi parte relatar lo que en aquellos flamantes 8 bancos de motores pudimos contemplar, pero uno se empapa del sentimiento de marca que entra con fuerza por todos los poros. Los empleados de Honda, y por defecto de las grandes compañías japonesas, sienten como propias las empresas para las que trabajan. Esa devoción y respeto por los valores de la marca rebosa por todos y cada uno de los rincones de las instalaciones y así lo transmiten sus empleados. No cobraban pluses extras por hacer el mundial de F1, ni por quedarse interminables horas mimando y cuidando aquellos cansados y poco evolucionados propulsores.

 

No puedo imaginarme como sentó en el seno de Honda su anuncio de abandono de las actividades relacionadas con la F1. La llegada de Ross Brown al equipo de Brackley no supuso el paso adelante, al menos ese año, que pudiera haber salvado el proyecto. No sé si involuntariamente, pero quizás Brawn, fue la mano que empuñó la daga que ejecutó, en nombre de la crisis global, la salida de uno de los buques insignia de la competición; Honda dejaba la F1.

 

Brawn ejerció aquel día de General MacArthur. Poco después sacó gran partido del Arakiri de los japoneses. Ganó el Campeonato del Mundo y vendió el equipo a Mercedes. Siempre he pensado que aquello había estado todo orquestado y que todos los cabos estaban ya atados antes de soltarse .  Curiosamente, dicen las malas lenguas que Tochigi puso un decisivo grano de arena en archiconocido y exitoso “doble difusor” que dio la gloria a la efímera Brawn GP y a Jenson Button. Me temo que Brawn ya puede ir preparando aquel «I shall return» (volveré)  que pronunció MacArthur al  salir por patas de Filipinas. El Pirelligate tiene que cobrarse alguna cabeza….y me huelo que tiene muchos números que que le salpique a él…

 

Sea como fuere, Honda ha decidido volver al Mundial, y de momento, ya hay quien ha intentado utilizarles como flotador. Otro Mac.Arthur de turno, Martin Withmarsh, ha sacado a la luz un acuerdo que no se materializará hasta 2015 en el que los nipones suministraran motores a Mc.Laren F1. La verdad es que la situación en el equipo de Woking está para eso y más. La salida de Hamilton, la de Paddy Lowe y las pobres prestaciones del MP4-28 están minando mucho la capacidad de reacción que siempre había caracterizado una de las escuadras más laureadas de la F1 moderna.
La F1 necesita de Japón y Japón de la F1. En sus múltiples e intermitentes entradas y salidas de la Fórmula 1, tanto en calidad de constructor como de motorista, Honda ha demostrado una gran capacidad de sacar buen partido del lado técnico, aunque no tanto de gestionarlo. Soichiro Honda creó y engendró su compañía para intentar rehacer un parque móvil japonés devastado por los bombardeos aliados. En cierta manera Mac.Arthur fue inspiración para Honda. Esta vez, las cenizas están del otro lado. Si algún día oímos en el paddock un “¡la madre que parió a esos japoneses!” al unísono de los propulsores japoneses, es que Honda vuelve a dominar, pese a que de las derrotas y victorias, siempre haya un MacArthur preparado para sacar tajada de ello….