Era un miércoles de verano. Pero no era miércoles cualquiera y ni mucho menos un verano como los demás. Acababa de aterrizar en el Aeropuerto de O’Hare en Chicago para afrontar una aventura en mayúsculas que se cuajó en un abrir y cerrar de ojos. En la puerta me esperaban mis admirados Juan FK y David M en un Infinity negro. Dos fenómenos a los que siempre he admirado y respetado por su conocimiento y manera de entender este deporte/negocio. Salimos sin tiempo ni casi para saludarnos. Era de noche y teníamos más de 300 millas por delante. La mañana siguiente había mucho que ver, conocer, aprender y trabajar. Las 500 Millas de Michigan, la 12ª carrera de la temporada de CART World Series, nos esperaba. ¿Y qué hacía el de Olot allí? Les cuento:

Era 1997 y yo trabajaba en el Campeonato de España de Superturismos. Aquel año los superturismos afrontaban el inicio de su fin en España, y en Motorsport es importante saber cuando hay que cambiar de proyecto para intentar estar siempre en entornos alcistas. Los equipos, campeonatos y sponsors son más cíclicos que en ningún otro ámbito y por lo tanto hay que intentar saltar de la ola cuando se llega a la cisma. Mi admirado amigo Juan FK me abrió la puerta para que fuera a aprender e intentar ayudar en lo posible en el Payton Coyne Racing, un modesto equipo, sino el que más, que participaba en la CART americana con el méxicano Michel Jourdain Jr.. No me lo pensé dos veces. Aproveché el parón estival, junté mis días de vacaciones y en lugar de playa, sol, mojitos y mojitas (este si no lo pillan a la primera, no lo vuelvan a leer), maleta y para Chicago.

Las carreras en EEUU se viven de otra manera. El espectáculo está por encima de todo y todos.

Las carreras en EEUU se viven de otra manera. Es todo a lo grande, incluso en la talla de las camisas q me dieron…

La primera carrera fue un ir y venir de novedades en las que uno se plantea realmente si ha valido la pena la aventura. Todo era nuevo. En realidad era mi primer contacto serio con monoplazas de primer nivel. Había mucho q aprender y poco tiempo para hacerlo. Aquel primer fin de semana pasó volando y sin casi tiempo de digerir todo lo que estaba pasando a mi alrededor.

El Michigan Speedway es un circuito en ovalo de 2 millas (3,3 kms) del tipo Superspeedway y que pese a no ser uno de los más rádicales en cuanto a inclinación de los peraltes, los promedios superan los 300 km/h y las velocidades puntas sobrepasan los 400 km/h. Tenía muchas ganas de vivirlo en primera persona para intentar comprender que tenía de emocionante dar vueltas a un óvalo: sin chicanes, ni curvas a derechas, ni frenadas, ni curvas de baja velocidad… Estaba escéptico, con un posado ciertamente chulesco y hasta cierto punto prepotente. Pero aquello es otra historia. A medida que iba avanzando el fin de semana me di cuenta de lo equivocado que estaba. Salvando las distancias, la F1 debería aprender la manera que tienen los americanos de convertir en atractivo un espectáculo que a priori no lo es tanto. Show por los cuatro costados, emoción directa, intensidad permanente y sobretodo, para todos los públicos (y no me refiero a la edad). Circuitos llenos a rebosar, audiencias televisivas en cotas máximas, publicidad por todos los lados. Las carreras entendidas como un show y no como una competencia de competentes.

Aúin conservo la medalla que dan a todos los miembros de los equipos. No soy nada coleccionista pero esta la encontré.

Aún conservo la medalla que dan a todos los miembros de los equipos. No soy coleccionista pero esta la guardé

El mismo domingo volvimos a la sede del equipo. Demasiadas cosas en muy poco tiempo. Necesitaba parar, recapitular y situarme para asimilar tantas novedades. Esa semana me sirvió para poder introducirme realmente en el equipo y empezar a disfrutar de la experiencia. Empecé a conocer el coche, a los procedimientos de trabajo, a entender como era cada uno y en definitiva a sentirme uno más del equipo. Cuando los equipos son pequeños los lazos se atan más deprisa y con menos nudos. Pude instalarme en mi apartamento y de paso conocer a mi vecino. Carai mi vecino. El hombre no tardó más de 5 minutos en llamar a la puerta, presentarse y hacerme cien preguntas de quien era, que hacía y cuales eran mis intenciones. Pensé que era un caso aparte, pero no. Son así. Curiosos. Muy curiosos. En un principio llegué a preocuparme ya que no tenía ni permiso de nada, pero luego me di cuenta que forma parte de su manera de ser. Quieren saber lo que pasa dentro de su país, pero también fuera. Y si no les gusta, van pegan cuatro ostias y vuelven a casa. En mi proceso de integración pensé que sería bueno mirar un partido de béisbol. Qué gran idea….

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La CART rebosaba espectáculo por los 4 costados.

Fue una primera semana en el taller en la que empecé a encontrarme bien con el equipo. Llegó el fin de semana y aunque no había carrera tuvimos que seguir trabajando. Era la escuadra con menos medios del campeonato y había que alargar los días para poder seguir de manera decente el ritmo de los grandes, aunque solo fuera de lejos y sin posibilidad de hacerles sombra. Pero no todo era trabajo. Ese fin de semana había carrera de la Nascar– Las Brickyard de Indianápolis– y allí entre mecánicos e ingenieros hacían una apuesta sobre cuál sería el ganador de la carrera. Todos fueron cogiendo sus preferidos y a mí me quedaron los “menos favoritos”. Era como apostar a una mula en el Grand National. Pero por no quedar mal, pagué los 20$ de rigor y escogí a un tal Ricky Rudd. Sí, Ricky Rudd. Qué quieren que les diga, me gustó el nombre. Sonaba bien y era fácil de recordar. Obviamente se cachondearon. ¡Los muy cabrones se cachondearon! Encima que no tenía (ni tengo) ni idea de Nascar y escojo último, va y se cachondean. Ya me gustaría ver a un americano llegado por primera vez a España tener que escoger apostar por el ganador del último Gran Hermano. Seguro que la pifia y señala a Belén Esteban…. (Ah..que esta es la que ha ganado.. vaya…)

En fin, que el tal Ricky Rudd arriesgo en la estrategia se ahorró una parada y …ganó. Ricky Rud ganó y con él, también ganó el de Olot. No cabía en mí. Recuerdo que les decía: “ Sabía que era bueno…lo sabía…!“ mietras cerraba el puño con fuerza. Anda ya. “Give me the money, now” . Toma, toma y toma. Me hubiera gustado poder ver mi cara. Debió ser algo así como cuando culminas el acto sexual. Mmmm…eso…ahora que lo pienso no sé qué cara se me queda realmente…

Aquel fue mi sueldo. Pillé más de 300$ que sirvieron para poder sufragar los pocos gastos que tuve aquel intenso verano. Aunque parezca mentida fui de gratis y pagándome los billetes de avión. En las carreras si quieres aprender hay que arriesgar, sacrificar y dar antes de recoger. Son muchos los que quieren triunfar en este mundo y claro, están los fenómenos (los muy fenómenos yo creo que no trabajan en las carreras) y estamos los que curramos como locos. ¿pringados? Sí. Pero en la vida, al menos a mí, hay pocas cosas que hacen aflorar las sensaciones que se viven en las carreras. En las carreras se llora de pena y de alegría, se vive.

Mi sueldo lo ganó Ricky Rudd y su victoria. Pese a eso, la Nascar sigue sin gustarme

Mi sueldo lo ganó Ricky Rudd y su victoria. Pese a eso, la Nascar sigue sin gustarme

Terminamos los coches y antes de irnos a Michigan para la disputa de la siguiente carrera en Mid-Ohio. Pero antes de cerrar el camión había que practicar unos cambios de ruedas, un procedimiento habitual también en F1. Para ello, utilizaban un monoplaza de años anteriores que tenían montado en el taller. Pero como había poca gente y andábamos bien de tiempo, pedí permiso para hacer unas prácticas. En la CART, solo se permitía una persona por rueda: una sola persona que sacaba tuerca, tiraba de la rueda, ponía la nueva y la apretaba en poco más de 2” con el coche ya levantado. No era fácil. Había que haber practicado mucho y bien. Me lo tomé con calma en los primeros ensayos. Pronto empecé a intentar ir más rápido, pero ni de lejos me acercaba a sus tiempos. Así que me conjuré en mi mismo para hacer un pitstop perfecto y demostrar que valía más de lo que podía parecer. Vamos Albert que tu puedes. Allí estaba yo. Concentrado. Cabeza abajo y mirada fijada en la tuerca. El dedo en el gatillo esperando la señal y la mano apretando el radio de la llanta con todas mis fuerzas: Three, two, one and GO! Gatillo a fondo, tuerca fuera, rueda extraída con una mano, pistola al suelo, rueda en la otra mano dentro y …..AAAAHHHHHH!!!!!

Empecé a saltar como un caballo de rodeo desbocado zarandeando mi mano derecha como si de un abanico se tratara. No había marcado mi mejor crono, ni destrozado los registros de nadie. ¡NO! Me había pillado el dedo entre el radio de la llanta y la pinza de freno. ¡¡¡Diooos!!! Me faltaba aire para poder calmar tal sufrimiento. Sopla q soplarás. Aquel día les deje reír sin rechistar. Merecido lo tenía por querer ir por encima de mis posibilidades. La cosa terminó la mañana siguiente con visita al Hospital para que me hicieran un agujero en la uña y así poder aliviar la presión que aquella noche no me dejó dormir. Qué descanso. Dedo vendado y de vuelta al taller. En realidad era la segunda vez que visitaba aquel centro médico.

Hooters: Gustosas, tiernas, picantes y sabrosas. Las alitas de pollo, normales.

Gustosas, tiernas, picantes y sabrosas. Las alitas de pollo, normales.

La primera visita al centro médico fue causada por las alitas de pollo que tanto me gustan. No es que se me atragantara algún hueso ni nada por el estilo. Más básico pero también menos agradable: A los del equipo les encantaba ir a “Hooters” a alimentarse, primero por los ojos y luego por la boca (Hootters es una cadena de restaurantes típicamente americanos en los que camareras bien dotadas van con la ropa de un par de tallas menos). Manjar obligado allí eran las alitas de pollo con salsa super picante. Y yo que no osaba decir que no, me dejaba llevar por sus “tradiciones”. Desoyendo a mi estómago, que no tolera ni de lejos la comida picante, venga engullir alitas. La naturaleza, que es sabia, tenía que exteriorizar su malestar. Hablando en plata: En 3 días tenía el trasero (habrán entendido que quería decir culo ¿no?) que parecía un florero. Eso sí era un “annus” horribilis y no lo de Isabel II. Intenté sufrir en silencio pero la forzada manera de andar, que se asemejaba a un homenaje al Pato Donald, me delataba… Sobreviví.

Conseguí hacer tres carreras durante aquel verano e irme pensando que volvería para hacer una temporada completa. Me había gustado el ambiente, el espectáculo y la manera que tenían y tienen de entender el Motorsport. Estuvieron contentos con mi trabajo y pese a no estar acordado me pagaron los billetes. No volví. No fue o no pudo ser…

Albert

#ganasdeF1 #enfermosdef1

P.D. Mira que aún le sigo dando vueltas. Me corroe la curiosidad. ¿Qué cara se me debe quedar en el momento aquel?…