Era 2012 y aún seguía en HRT. Se había terminado una de las carreras más importantes de la temporada para el equipo: El Gran Premio de España. Siempre es especial correr en casa incluso pese a que antes de tomar la salida, ya sepas que vas a terminar el último. Era puesta de largo del equipo ya “españolizado” y en casa. Al menos conseguimos llevar uno de los dos coches la meta, lo que viendo el principio de temporada que habíamos tenido, era todo un éxito, aunque solo fuera para nosotros.

Aquellas dos semanas fueron trepidantes, ya que 4 días después de la carrera en Montmeló teníamos la inauguración de la nueva sede del equipo en La Caja Mágica, en Madrid. No había tiempo de despedidas ni de abrazos. Maleta preparada para coger AVE en cuanto se terminara la carrera. Madrid nos esperaba para ultimar detalles de las instalaciones y preparar la inauguración. Pero aquella despedida del Gran Premio no sería tan tranquila y plácida como hubiéramos deseado. Les cuento:

Estábamos en el recién estrenado Motorhome del equipo, uno de los iconos de representación y de gestión de invitados y sponsors. No fue tarea fácil levantarlo, pero una de las premisas del proyecto HRT era confiar en empresas españolas con vistas al futuro, aunque el proceso de adaptación a las peculiaridades de la F1 (nada especial ni espacial, incluso con algunas innecesarias medidas destinadas a que parezca inalcanzable sin serlo) requiriera de un tiempo de adaptación. Confiamos en una empresa española. Bajo la batuta de la incansable Sonia trabajaron duro, muy duro. Quedó un hospitality más que decente e incluso por encima de algunos sabelotodo y consolidados gurus británicos. Pero sobretodo, aquel Motorhome disponía de una cocina que lo convirtió en el único restaurante de la parrilla. Había mucho Pirelli en el paddock, pero una estrella Michelin destellaba entre los fogones de Jesús Mari. Junto a su equipo, este grande de la cocina vasca convirtió el hospitality de HRT en una de los ineludibles de cada fin de semana.

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El equipo de restauración que hacía las delicias de los invitados y equipo. Muy grandes.

Pero cuando empezaban las despedidas, una repentina columna de humo captó la atención de los allí presentes. El humo era espeso, denso, muy denso. Lo primero que me pasó por la cabeza fue que alguno de los generadores que equipan los camiones de los equipos se había roto e inundaba el paddock de su agonizar, pero en seguida las corridas y gritos de la gente (…de pánico, claro) me hicieron percatar que el incidente era más grave de lo que parecía en un primer instante. Vi caras de miedo, gente asustada y huyendo a toda prisa.

No sé qué me llevó en ir a la dirección contraria a la de la gente para ver qué pasaba y en qué podía ayudar. En realidad, siempre he tenido sangre fría para momentos de crisis en los que la palabra riesgo suele desaparecer misteriosamente de mi diccionario. De pequeño ni quise ser BOMBERO, ni POLICIA, ni director gerente del fondo monetario internacional… (No se me ha quedado la tecla de mayúsculas pisada, es para resaltar el respeto que le tengo a cada uno de ellos). Yo quería ser ¡cantante!…en fin… A lo que iba:

El humo me llevó hasta Williams; esta vez no era de HRT. Al llegar a la zona de detrás de los camiones, la escena era esperpéntica: El box número 39 del equipo que había ganado aquel Gran Premio era pasto de las llamas. No sabía que había sucedido, si había heridos, si quedaba aún gente dentro… Solo unos pocos valientes habían desplegado las primeras mangueras y estaban ya rociando el interior del box intentándose proteger del humo y de las llamas.

Todos los equipos colaboramos en las tareas de extinción

Todos los equipos colaboramos en las tareas de extinción

Con Pedro Amat, una de esas personas que siempre me place encontrar, desplegamos otra manguera para incrementar la cantidad de agua. A trompicones sacaron uno de los técnicos de Williams que quedaban dentro del box y lo retiraron herido. Esos momentos se hicieron eternos, largos, interminables. Los que estaban al frente de las mangueras iban retrocediendo acosados por el intenso humo y empezaron a necesitar relevos, y claro, allí estaba el de Olot. Había que estar casi arrodillado para no tragar humo. La verdad es que hasta que no llegó un experto en extinción, no me di cuenta que quizás en lugar de apagar el fuego lo estábamos avivando.

Se puso al frente de una de las mangueras. La segunda cayó en mis manos. Se me quedó mirando fijamente y sin parpadear ni vacilar empezó a gritarme: “Cabezal en spray y en círculo. Hay que mover la manguera en círculo y cuando cuente a 3, avanzamos!!” Ostias… me lo quedé mirando fijamente con cara de pipiolo mientras lentamente empezaba a mover la manguera en círculo ¿Cómo que avanzamos? ¿¿¿Pero que dice este tío???¿Cómo vamos a meternos para dentro si hay más humo que ni en el mejor de los programas electorales? pensaba yo en mi interior. En un primer intento, me frené y dejé que hiciera él el primer paso. Pero en el segundo fui para adentro a su lado. Tenía razón, y en unos segundos conseguimos abrirnos camino y llegar al núcleo del incendio para apagarlo. Junto a los muchos extintores que vaciaron por la parte delantera del box, conseguimos extinguir las llamas y dejar a la vista un desolado panorama de lo que había sido un brillante e inmaculado garaje.

Los amigos de Antena3 lo reflejaron en este reportaje (clica para ver el video)

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En Antena 3 nos dedicaron unos minutos al incendio y a algunos de los «bomberos» que allí estubimos

Sin más. No me detuve ni a hablar con nadie. Ni pude darle las gracias a aquel anónimo héroe que nos enseñó cómo luchar contra un fuego y que fue clave para poder extinguirlo. Recuerdo haber contactado tiempo después con su mujer para que le hiciera llegar el agradecimiento que aquel día no le pude mostrar. Volví cabizbajo a HRT. Me metí en una oficina que había quedado vacía. Estaba empapado por fuera y vacío por dentro. La tensión me había dejado sin capacidad de reacción. Plano, sin palabras, agotado, abatido… Quería empezar a golpear la pared y no tenía fuerzas, quería gritar y no me quedaba aire , quería llorar y no sabía.

De aquel incidente aprendimos todos. Se mejoraron los procedimientos internos de los equipos en la manipulación de la gasolina, los de seguridad con los equipos de extinción de los circuitos y yo de cómo utilizar la manguera… eso… moviéndola en círculo y para dentro con ¡dos cojones! No lo saquen de contexto, vaaaa…

Albert

#ganasdf1 #enfermosdf1