Corría el final de 2010 y después de mi etapa en Epsilon Euskadi, afronté un nuevo desafío y de la mano de Hispania Racing volví a la Fórmula 1. Dedicarse al mundo de las carreras te obliga a tener los lazos con nudos muy livianos, la maleta siempre con ropa preparada y la cama, individual y plegable. En un país tan faltado de tradición y cultura de competición como es el nuestro, las palabras futuro, estabilidad, tranquilidad y seguridad no forman parte del libro de ruta que tenemos los que vivimos de esto y que siempre hay que tener a mano para encontrar respuesta a preguntas difíciles. Así que maleta y para Madrid.

El desafío era mayúsculo, yo diría que imposible. Por el camino se habían quedado muchos esfuerzos de aquel proyecto de crear el primer equipo español de F1 que se cocinó en Alzira. Pero después de más de un vaivén aquello arrancó de la mano de la familia Carabante. Se agarraron a lo único que les permitió ver la luz; una luz que más adelante se convirtió en su eclipse. Siempre guardaré un buen recuerdo de los Carabante y de Don Miguel, un hombre que se hacía querer sin quererlo. Entré con un contrato de jefe de mecánicos y terminé convirtiéndome en el abanderado de resistencia… Les cuento:

En aquellos momentos el equipo estaba literalmente alquilado a una estructura alemana con ascendencia de más allá. Era algo parecido a la querida prima de riesgo: atados de manos, pagando sus facturas y sin derecho a decidir. Pero aquí la Merkel tenía rabo (Lo siento, salió así…). El objetivo que me habían marcado era claro: que el equipo español fuera español. Vaya incongruencia, pensarán, pero es que a parte del nombre, pocos eran los activos nacionales del equipo. Tan solo algunos valientes ingenieros, el departamento de prensa y una oficina de administración en Madrid habían aguantado las embestidas que venían de dentro para que se descolgaran del proyecto. Resistieron y gracias a esas pocas raíces, el árbol no cayó, pese a que en algún momento no sé si realmente el que regaba lo hacía con agua…

Tuve que entrar a escondidas y tomar una camisa prestada para salir en esta foto

Tuve que entrar a escondidas, en medio de fuego cruzado y tomar una camisa prestada para salir en esta foto…

El lado no español del equipo había entendido que yo estaba sentando las bases del traslado a España y eso eran muy malas noticias para sus intereses. Primero bloquearon mi entrada como jefe de mecánicos y creo que incluso llegaron a distribuir mi foto. Estaba vetado: WANTED! (desde aquello me he dejado barba mal afeitada, para al menos salir con cara de malo en la foto!). Me sentía torero sin capote, pistolero sin munición y tigre sin presa… (A saber por qué escribiendo esto me ha venido a la cabeza la imagen de la Esteban…). Estaba lejos de mi hábitat natural, el pitlane. Los pocos viajes que hice a las carreras eran prácticamente clandestinos y casi a escondidas. No podía decir de que hacía ni cómo.

Fueron días de los que llegas al límite y en los que si no eres capaz de separar tu vida personal de la profesional, acabas entrando en un espiral en el que cada vez estás más y más lejos de la salida. Me estaba acercando a una situación de bloqueo y lo peor de todo es que aun viéndolo, no fui capaz de pararlo. Perdido en una Madrid que no conocía, me sentía solo y sin nadie lo suficientemente cercano en quién poder apoyarme para coger fuerzas y recuperar la ilusión. Dormía poco y mal. No me reconocía, y por primera vez me sentí incapaz de tirar adelante con mi objetivo. Pasaron muchas cosas aquellos días, muchas. Algunas de ellas, más dignas de una novela policíaca – más cercana a Torrente que a Perry Mason – que de un proyecto de competición. Solo decirles que un día terminé encerrado a la fuerza en una sala con un disco duro escondido dentro del calcetín y el móvil compensando el volumen que mis partes habían perdido con el susto; menos mal que no llamó nadie…Tan solo me faltaban los cataplines repicando campanas…

Una nave de Paterna fue nuestro primer paso en la clandestinidad. Poco ruido y muchas nueces...

Esta nave de Paterna fue nuestro primer paso en la clandestinidad. Poco ruido y muchas nueces…

En fin, que Hispania Racing dejó paso a HRT y los Carabante a Thesan. La decisión estaba tomada. Valencia debía ser la sede del nuevo HRT y las naves dejadas por la Copa América de vela, el lugar designado. Estar dentro de la instalación del circuito urbano era todo un lujo, y la capital del Turia tenía todo lo que la F1 desea, o sea ¡sol y playa!. Pero claro, no es oro todo lo que reluce, y en Valencia, tampoco. Los trámites empezaron a demorarse, la información a encallarse y el “caloreeeeet” a enfriarse. Pero no podíamos esperar. Tuvimos que alquilar una nave para, provisionalmente, poder dar cabida a todos a todo el material que estaba empezando a llegar. Teníamos un mes para comprar todo el equipamiento necesario para un equipo de F1, incluyendo camiones, herramientas, containers y sobretodo, lo más imprescindible y el principal valor de todo el proyecto: el equipo humano. Había que montar un equipo entero no de cero, sino de menos 10.

Después de muchas vueltas recaímos en Paterna. Una nave de 750 metros cuadrados, sin agua, ni luz, ni tan siquiera vida propia… Y allí me fui. Perdón, he sido demasiado egoísta: nos fuimos. Michele y yo. Yo y Michelle. Sí, solo 2. Lo primero que compré fueron una escoba, una fregona, una botella de Mr.Proper, dos sillas, una mesa plegable y un pincho de internet para mi portátil. Nunca un principio fue tan vacío (bueno, supongo que el de algunos políticos sí, aunque no su final).

La mesa fue el primer activo de la nueva HRT.

La mesa fue el primer activo de la nueva HRT.

El panorama era realmente asustadizo. En lo que más tarde fueron las oficinas de los ingenieros estaba yo, el de Olot. Sentado en mi mesa con mi Blackberry (si, si la misma de antes…), mi PC y algo imprescindible: ilusión. Esa ilusión que me permitió salir del espiral y hacerlo aún con más fuerza y energía de la que nunca había tenido. La rabia y decepción se habían convertido en combustible para mi maltrecha autoestima. Había que hacer limpieza y mucha. Mr. Proper de arriba abajo, dentro y fuera. Con Carlos en las carreras empezando la guerra en el campo de batalla, Michele (un incansable luchador al que nunca olvidaré), dejamos la nave decente para empezar a recibir personal y material. Entre email e email, fregona y a limpiar. Entre pedido y pedido, paño y a abrillantar. Entre contrato y contrato, escoba y a barrer. Sufrimos y lloramos. Fueron largos días y eternas noches. Pero conseguimos nuestro objetivo. Carai si lo conseguimos. Tres meses más tarde estábamos en el test de Jerez con un equipo Made in Spain (quizás por eso duró tan poco…). De Valencia pasamos a Madrid y de Madrid a la nada. Pero eso merece más de un relato.

Aquel principio tuvo héroes a los que les debo mi admiración y de los que aprendí mucho de carreras y mucho más de la vida. Nunca estuvieron en ninguna foto, ni en ningún podio, pero gracias a ellos aquel imposible dejó de serlo. Y es que la fuerza de un equipo radica en la gente que lo forman, en su trabajo y en su ilusión por ser mejores. Los éxitos no son ni serán nunca fruto de los individuos. No miren al podio, los vencedores están detrás.

Albert

#ganasdeF1